Entendemos que esta carta, escrita varias décadas atrás, tiene plena
actualidad (aunque parece haber sido olvidada por muchos "dirigentes
y gobernantes autodenominados peronistas"), por lo que la transcribimos a continuación:
En el texto de su "Mensaje a los Pueblos y Gobiernos del Mundo",
Perón expresaba:
"Creemos que ha llegado la hora en que todos los pueblos
y gobiernos del mundo cobren conciencia de la marcha suicida que la
humanidad ha emprendido a través de la contaminación del medio
ambiente y la biosfera, la dilapidación de los recursos naturales,
el crecimiento sin freno de la población y la sobrestimación de la
tecnología.
Es necesario revertir de inmediato la dirección de esa
marcha, a través de una acción mancomunada internacional. Tal concientización debe originarse en los hombres de ciencia, pero sólo
podrá transformarse en la acción necesaria a través de los
dirigentes políticos.
El ser humano ya no puede ser concebido independientemente del medio
ambiente que él mismo ha creado. Ya es una poderosa fuerza
biológica, y si continúa destruyendo los recursos vitales que le
brinda la Tierra sólo puede esperar verdaderas catástrofes sociales
para las próximas décadas. Inventó el automóvil para facilitar su
traslado, pero ahora ha erigido una civilización del automóvil que
se asienta sobre un cúmulo de problemas de circulación,
urbanización, seguridad y contaminación en las ciudades, y que
agrava las consecuencias de su vida sedentaria.
Las mal llamadas "sociedades de consumo" son, en realidad, sistemas
sociales de despilfarro masivo, basados en el gasto. Se despilfarra
mediante la producción de bienes innecesarios o superfluos, y entre
éstos, a los que deberían ser de consumo duradero con toda intención
se les asigna corta vida porque la renovación produce utilidades.

No
menos grave resulta el hecho de que estos sistemas sociales en los
países tecnológicamente más avanzados funcionan mediante el consumo
de ingentes recursos naturales aportados por el Tercer Mundo.
De
este modo el problema de las reacciones dentro de la humanidad es
paradójicamente doble: algunas clases sociales- las de los países de
baja tecnología en particular- sufren los efectos del hambre, el
analfabetismo y las enfermedades, pero al mismo tiempo las clases
sociales y los países que asientan su exceso de consumo en el
sufrimiento de los primeros, tampoco están racionalmente
alimentados, ni gozan de una auténtica cultura o de una vida
espiritual o físicamente sana.
Se debaten en medio de la ansiedad,
el tedio y los vicios que produce el ocio mal empleado. Lo peor, es
que, debido a la existencia de poderosos intereses creados o por la
creencia generalizada de que los recursos naturales vitales para el
hombre son inagotables, este estado de cosas tiende a agravarse.
Es
evidente el agotamiento de los recursos naturales en los países del
Tercer Mundo, con las consecuencias que están a la vista y que se
hacen sentir principalmente en los sectores más humildes de la
población. En verdad, la selección natural ha sido convertida por
ello en un sofisma detrás del cual se ocultan una selección social y
una selección internacional.
La separación dentro de la humanidad se
está agudizando de modo tan visible que parece que estuviera
constituida por más de una especie.



El ser humano, cegado por el espejismo de la tecnología ha olvidado
las verdades que están en la base de su existencia. Y así mientras
que por un lado llega a la Luna, por otro mata el oxígeno que
respira, el agua que bebe y el suelo que le da de comer y eleva la
temperatura permanente del medio ambiente sin medir sus
consecuencias biológicas.
En el curso del último siglo el ser humano ha exterminado cerca de
200 especies de animales terrestres. Ahora ha pasado a liquidar las
especies marinas. Aparte de los efectos de la pesca excesiva,
amplias zonas de los océanos, especialmente costeras, ya han sido
convertidas en cementerios de peces y crustáceos, tanto por los
desperdicios arrojados como por el petróleo involuntariamente
derramado.
La creciente toxicidad del aire de las grandes ciudades es bien
conocida, aunque muy poco se ha hecho para disimularlo. En cambio,
todavía ni siquiera existe un conocimiento mundialmente difundido
acerca del problema planteado por el despilfarro del agua dulce,
tanto para el consumo humano como para la agricultura.
Al mismo
tiempo, la presión provocada por el cultivo irracional o por la
supresión de la vegetación natural se ha convertido en un problema
mundial y se pretende reemplazar con productos químicos el ciclo
biológico del suelo.
Para preservar el ambiente y vivir en armonía con la naturaleza, no
hay necesidad de abandonar los avances tecnológicos.
Por otra parte, a pesar de la llamada revolución verde, el Tercer
Mundo todavía no ha alcanzado a producir la cantidad de alimentos
que consume, y para llegar a su autoabastecimiento necesita un
desarrollo industrial, reformas estructurales y la vigencia de una
justicia social que todavía está lejos de alcanzar. Para colmo, el
desarrollo de la producción de alimentos sustitutivos está frenado
por la insuficiencia financiera y las dificultades técnicas.


A este sinnúmero de problemas creados artificialmente se suman la
irracional carrera armamentista y el crecimiento explosivo de la
humanidad que sin duda necesita de una política demográfica.
Qué Hacer:
Si se observan en su conjunto los problemas que se
plantean, comprobaremos que provienen tanto de la codicia y la
imprevisión humana, como de las características de algunos sistemas
sociales, del abuso de la tecnología, del desconocimiento de las
relaciones biológicas y de la progresión natural del crecimiento de
la población humana. Esta heterogeneidad de causas debe dar lugar a
una heterogeneidad de respuestas.
Para poner freno e invertir esta marcha hacia el desastre es
menester aceptar algunas premisas:
Son necesarias y urgentes: una revolución mental en los hombres,
especialmente en los dirigentes de los países más altamente
industrializados; una modificación de las estructuras sociales y
productivas en todo el mundo, en particular en los países de alta
tecnología donde rige la economía de mercado, y el surgimiento de
una convivencia biológica dentro de la humanidad y entre la
humanidad y el resto de la naturaleza.
Esa revolución mental implica comprender que el hombre no puede
reemplazar a la naturaleza en el mantenimiento de un adecuado ciclo
biológico general, que la tecnología es una arma de doble filo, que
el llamado progreso debe tener un límite y que incluso habrá que
renunciar a algunas de la comodidades que nos ha brindado la
civilización, que la naturaleza debe ser restaurada en todo lo
posible, que los recursos naturales resultan agotables y por lo
tanto deben ser cuidados y racionalmente utilizados por el hombre.

Cada nación tiene derecho al uso soberano de sus recursos naturales.
Pero al mismo tiempo, cada gobierno tiene la obligación de exigir a
sus ciudadanos el cuidado y utilización racional de los mismos.
La modificación de las estructuras sociales y productivas en el
mundo implica que el lucro y el despilfarro no pueden seguir siendo
el motor básico de sociedad alguna, y que la justicia social debe
erigirse en la base de todo sistema, no sólo para beneficio directo
de los hombres sino para aumentar la producción de alimentos y
bienes necesarios.
La lucha contra la contaminación del ambiente y la biosfera, el
despilfarro de los recursos naturales, el ruido y el hacinamiento de
las ciudades y el crecimiento explosivo de la población del planeta
debe iniciarse ya a nivel municipal, nacional e internacional.
Todos estos problemas están ligados de manera indisoluble con el de
la justicia social, el de la soberanía política, la independencia
económica del Tercer Mundo y la distensión y la cooperación
internacionales. Muchos de ellos deberán ser encarados por encima de
las diferencias ideológicas que separan a los individuos dentro de
sus sociedades o a los Estados dentro de la comunidad internacional.
No debe olvidarse que el problema básico de la mayor parte de los
países del Tercer Mundo es la ausencia de una auténtica justicia
social y de participación popular en la conducción de los asuntos
públicos".
Juan D. Perón "
Extraído de la Carta al Secretario General de las Naciones Unidas y
del Mensaje del General Perón a los Pueblos y los Gobiernos del
Mundo. Marzo de 1972
Una modificación conceptual…
Suele llamarse a las naciones de ingresos superiores países
desarrollados, en tanto que las de ingresos medios y bajos suelen
ser agrupadas como países en desarrollo. Las expresiones países muy
desarrollados y países del tercer mundo han ido desapareciendo,
aunque uno todavía las oye (el segundo mundo lo constituían los
países del bloque comunista, que ya no existe; por ende, ya no cabe
referirse a los países en desarrollo como del tercer mundo).
Fuente: Ciencias Ambientales. Ecología y desarrollo sostenible.
Nebel y Wright. Edit. Prentice Hall. 1999.
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Julieta Zerpa